¿Qué es Sed?

Allá por julio del 2007 (sí, quién diría que pasó tanto tiempo, no?), andaba enojada con mi inspiración ausente y decidí sentarme y obligarme a escribir algo. Vino una imagen a mi cabeza. Oscura, extraña. Jugué a describirla. Así surgió el primer capítulo de Sed (que en ese momento para mí era "estacosaquestoyescribiendo").

No soy una persona de esas que finalizan los proyectos que comienzan, pero a medida que surgieron capítulos y la gente se fue enganchando... adquirió este título (provisorio u_u jajaja) y ya no hubo marcha atrás.

Es gracias a ustedes -a su avidez de beber más y más de la trama- que Sed acaba de arribar a su capítulo 50, el último de la historia. Bueno, y a unos cuantos picotones de Pablo (mi novio) n_n

Ahora comienza la etapa de corrección, espero que no se haga demasiado larga... y a ver qué pasa con la editorial, porque tengo pensado publicarlo :D


Quiero agradecerles enormemente el aguante. La paciencia, los comentarios, las críticas, o que sólo hayan leído sin decir nada. Las palabras están para ser leídas, ese es su mayor destino.

Un abrazo gigantesco que los abarque a todos ^^


Sed es una historia que gira en torno a la soledad y la necesidad e idealización del otro. Es una novela salpicada de sangre, algo de sensualidad y mucho misterio.

Los acontecimientos que transcurren en ella, van entrelazando las vidas de los personajes. A veces para bien, a veces para mal... otras para peor.

Los invito a leerla y criticarla con confianza. De eso se alimenta mi escritura.


El contenido de esta historia puede resultar ofensivo para algunas personas, si usted es de esas que se ofenden.... por favor diríjase a otra parte.
Muchas gracias y disculpe las molestias ocasionadas.


Atte, La autora.

2/4/08

.: XIX :. (Estrategia)

Se lavó las manos con rabiosa meticulosidad. No había manera, no dejaba de sentirlas sucias. El mundo estaba tornándose demasiado agrio para su gusto. Había gente que se merecía que le pasaran cosas horribles. Secó sus manos, rojas de tanto refregarlas. Evitó su propia mirada en el espejo. Ese objeto estaba convirtiéndose en un enemigo. Últimamente su reflejo amenazaba con desdoblarse; y eso, además de infundirle temor, le provocaba mareos y migrañas.

Tenía la firme convicción de que no se merecía la mayor parte de las cosas malas que solían pasarle. El resto, un poco se lo había ganado, otro poco lo justificaba.

Tomó un suéter azul de la cómoda y lo llevó a su rostro. Inspiró con los ojos cerrados el olor a vainilla que despedía y deseó que fuera tan fácil llegar a tenerla como lo había sido conseguir aquella prenda. Las adolescentes son olvidadizas, no se fijan dónde dejan las cosas. Peor aún cuando están enamoradas.

Un asunto diferente son sus padres, que no las descuidan ni a sol ni a sombra. Era eso lo que debía solucionar. Si bien había dado un paso importante y conquistado su confianza, no podía exponerse, relacionándose con la pronta desaparición de Sofía. Había que hacerlo de otra manera.

Por otro lado estaba ese hombre… Debía hallar la forma de separarlo de ella.

Estaba apretando el suéter con demasiada fuerza sin darse cuenta. Tenía los nudillos pálidos. Aflojó el apretón y meció la prenda en sus brazos susurrando palabras de disculpa, abstrayéndose en su aroma.

Luego se sentó en la cama y durante un extenso lapso de tiempo que no fue capaz de calcular, mantuvo la vista fija en la pared con el rostro inexpresivo pero la mente bullendo a toda velocidad.

Entonces reaccionó, luego de parpadear repetidas veces, tratando de asimilar el lugar donde se hallaba. Lució una torcida sonrisa. Todas las fichas habían caído en su preciso lugar. El tablero estaba listo y había calculado todas las jugadas posibles.

No había forma de perder.


Unos días después, decidió que era hora de dar el primer paso. Caminó por las calles hasta notar que el sol comenzaba a esconderse. Sonrió. A veces solía pensar que el sol huía ante su presencia. Que era su persona la que infundía oscuridad con cada paso. Había ocasiones en las que no se equivocaba.

Hubo un tiempo en que añoraba la luz hasta las lágrimas; noches en las que sentía la oscuridad asfixiante, y el miedo se transformaba en pánico, en claustrofobia. Pero aquello había quedado ya muy atrás. Aún hoy, el recordar que nadie hubiese encendido una luz para aliviar su tortura, llenaba sus entrañas de una sensación de sordo resentimiento.

Había caminado tanto, sumergiéndose en memorias, desechando malestares y obligándose a proyectar su mente hacia delante, que la medianoche había arribado presurosa. Hoy las tinieblas eran su aliado. Se movía en la oscuridad como el más silencioso fantasma. En la vereda de enfrente se erguía la casa de Sofía. Sus ventanas emitían un resplandor ambarino. Hogar, dulce hogar.

A esa hora todos estarían en sus camas. Mañana, martes, Papá debía ir a trabajar temprano y dejaría de paso a su pequeña en el colegio. Eso debía ser modificado. Sobre todo que pasara a recogerla a la salida. Desde el espantoso crimen de Tanya, que conmovió a toda la sociedad de padres sobreprotectores, las hijas adolescentes estaban en la calle el menor tiempo posible sin compañía.

Debía esperar un poco más, hasta que se apagasen las luces de las habitaciones. Decidió dar una vuelta. El hecho de que la policía fuese bastante inepta no era suficiente razón para arriesgarse a que alguno inquiriera sus intenciones. Una persona ajena al vecindario, parada en la vereda a medianoche con una mochila, despertaría hasta las sospechas de un niño medio dormido.

El cielo estaba despejado. La luna jugaba a las escondidas entre árboles y edificios. Era una noche deliciosa.

Una pareja se besaba en la esquina, absortos el uno en el otro. Qué fácil sería tomarlos desprevenidos No. Hoy no Estaba preparándose para objetivos más elevados; para saciar las ansias de su espíritu, largamente postergadas. Una joven juntaba los juguetes de sus pequeños, desperdigados por el jardín. Nunca se le presentaban tantas oportunidades servidas en bandeja.

Apretó la mandíbula. Es una prueba, intentó convencerse, una prueba más que debo superar para alcanzar el estado ideal en que debo recibirla. Para poder sentirla como merece y como merezco.

Estaba otra vez frente a la vivienda. Las luces de la planta baja se habían apagado todas, excepto la del comedor. Era probable que la dejaran encendida toda la noche. En el piso superior la ventana de la habitación de Sofía permanecía iluminada.

La imaginó tirada en su cama, despreocupada y soñadora, tejiendo fantasías tan disímiles a las suyas... No importaba, ya hablaría con ella, le haría comprender de qué manera se necesitaban mutuamente. Sofía comprendería, era una chica inteligente.

La luz se apagó. Aguardó unos instantes y, aprovechando unas nubes pasajeras que ocultaron la luna, sorteó de un salto la pared baja del frente del chalet abrazando la mochila para que su contenido no hiciera ruido. El garage se hallaba bajo la casa, en plano inclinado y no poseía portón. El único problema sería que el automóvil tuviese alarma. Escudriñó el interior del vehículo en busca de la delatora lucecita roja. Nada. La suerte estaba de su lado.

Los trastornos de que fue víctima el coche de Roberto Froilán Salcedo fueron escudados por la oscuridad de la noche. La operación, si bien fue larga y minuciosa, fue realizada en casi completo silencio. Luego, herramientas y ejecutante fueron limpiados junto con cualquier rastro delator.

Abandonó la casa con la misma presteza con que había llegado. Minutos después era un transeúnte más paseando a la luz de la luna. Si no fuese por esa sonrisa. Si no fuese por esa mirada. Su expresión rozaba lo sobrenatural, en su interior algo oscuro e inhóspito celebraba una victoria.


En su cama, ajena al mundo exterior, Sofía se revolvía entre sueños. Una horrible pesadilla, que no la prepararía para los días que venían, perturbaba su descanso.

3 comentarios:

cursi enamorada del amor dijo...

Listo! es buenísima, estoy intrigada..
ese preceptor se las trae, y sebastián es un amor.. ajaj
un beso, nos leemos

sabalero dijo...

El malo es el preceptor o Sebastian? no soltas prenda, todavia...

~°º¤ø} Nâtu Åmbar {ø¤º°~ dijo...

Jejeje... sino como hago para que todos sigan leyendo? :P